Fughe e approdi

Italia / 2010 / 81 min / Documental / Color / Italiano / Subtítulos en castellano

 

Región

Sicilia

Mapa para los espectadores

El cine de las islas Eolias (cuando pueden las familias Taviani “viven” en Salina) surcado por un gozo histórico y por la mirada especial y privilegiada de un director al que le interesa desarrollar la visión de familia hacia los lugares, otras experiencias humanas y artísticas. Para revivir además del núcleo familiar, la fascinación de un cine fuerte, histórico y de una variada realidad convertida en cine.
—Maurizio Di Rienzo

Director

Giovanna Taviani

Elenco

Francesco D’Ambra, Giovanna Taviani

Fotografía

Duccio Cimatti, Alessandro Ghiara

Musica

Giuliano Taviani, Carmelo Travia

Montaje

Benni Atria, Luca Gasparini

Producción

Kaos Cinematografica

Distribución

Premios

Festival del cine italiano de Madrid: Mejor documental

Sinopsis

Giovanna Taviani, hija de Vittorio, era la niña que, con la madre y las hermanas, navegaba hacia Malta, para alcanzar al padre que escapaba de las persecuciones de los Borbones, en la película “Kaos”. La barca tartana de Figliodoro, un pescador de las islas Eolias, se detenía para hacerlas descansar en Lipari y permitir a los niños deslizarse por los blancos descensos de piedra pómez. Años después, a cargo de un pequeño grupo, Giovanna le vuelve a pedir a Franco “Figliodoro” que la lleve en la misma barca y le haga recorrer las etapas que la historia del cine le ha dedicado a las islas Eolias y las historias, verdaderas, que allí tuvieron lugar.

Notas del director

Las islas Eolias forman parte de mi vida y de mi imaginario. A los 13 años, en el set de una película que me es familiar (Kaos), fui elegida para el rol de una muchacha isleña que, sobre una pequeña barca de pesca de vela roja, atravesaba, con la madre y los hermanos menores, las aguas de Lípari para encontrar al padre exiliado en Malta. Nos acompañaba un balsero llamado “Figliodoro”. En ese viaje con la barca de la vela roja volvían a vivir el mismo camino doloroso de las poblaciones obligadas a dejar sus hogares y afectos para buscar fortuna en otra parte. En un cierto punto, sin embargo, el balsero nos proponía un descanso en las playas blancas de Lípari, en el islote de la piedra pómez; y aquí, imprevistamente, ese mar y ese cielo nos ofrecían, inesperadamente, un encuentro con la felicidad. Éramos niños perseguidos, asustados, en fuga; sin embargo descubríamos que la piedra pómez era suave como un lecho que proteje y el mar gentil y amigo. Acunados por el aria de Mozart, con nuestra gran ropa blanca, caíamos desde lo alto hacia el mar azul.
Así terminaba la película y así se terminaba nuestra infancia.
Veinte años después me reencontré con Figliodoro y le pedí que me acompañe en mi nuevo viaje, con el mismo barco de vela roja. Es él el protagonista del documental; una suerte de Virgilio de las islas; punto de unión entre lo que veía y lo vivido por los habitantes que me relatan sus fugas y sus desilusiones, a menudo en sintonía con las de las películas. “Personaje” y, al mismo tiempo, narrador, es Figliodoro quien me lleva dentro de las cuevas de piedra pómez para mostrarme el castillo de los condenados a labores forzadas del Ochocientos y de los desterrados antifascistas para hablar con la gente del lugar, relatando las leyendas que la mujer contaba desde pequeña.
A sus espaldas, a menudo entre bastidores, la cámara sigue el viaje, sin olvidar nunca los otros viajes y las otras historias que, antes de nosotros, los padres del cine, han contado: Rossellini y Antonioni, desde De Seta a los muchachos de la Panaria, desde Dieterle a los Taviani, que fueron a las islas volcánicas a contar la fascinación y el horror. En la estela de la memoria, los pensamientos del narrador se funden con los pensamientos de la autora, incluso yo, en el fondo, “personaje” y testigo de las historias de la isla. Cada tanto los rostros del presente se funden con los rostros del pasado, los escenarios actuales ceden el paso a los escenarios de ayer, en una fusión única entre realidad y ficción, donde las historias reales anticipan las historias imaginarias y las historias imaginarias anticipan las historias reales.
—Giovanna Taviani