La nave dolce

Italia-Albania / 2012 / 90 min / Documental/ Color / Italiano / Subtítulos en castellano

 

Región

Puglia

Mapa para los espectadores

Del director de ‘Diaz’ que hace cine realista desde hace tiempo, el foco en el encuentro con el pasado se vuelve una línea divisoria de aguas en lo social, lo político y lo humano. Hace 21 años un cargamento lleno de albaneses… Italia los recibe pero pronto los expulsa. Los emigrantes que quedaron o regresaron, hoy relatan, como albaneses, como italianos… Esencial, emocionante, militante, riguroso, revelador: historias que todavía hay que entender – ¿lo lograremos? – que País es y será el nuestro, el suyo…
—Maurizio Di Rienzo

Director

Daniele Vicari

Elenco

Eva Karafili, Agron Sula, Kledi Kadiu, Halim Milaqi, Robert Budina

Guión

Benni Atri, Antonella Gaeta, Daniele Vicari

Fotografía

Gherardo Gossi

Montaje

Benni Atria

Producción

Distribución

Premios

Muestra del Cine de Venecia: Premio Biografilm, Premio Pasinetti para el Mejor documental.

Sinopsis

El Vlora es un buque mercantil viejo y deteriorado construido a inicios de los años sesenta en Génova. El 7 de Agosto 1991 la nave, regresando de Cuba, llega al puerto di Durazzo en Albania. Están en curso las operaciones de descarga cuando una multitud de miles de personas asalta el buque imprevistamente, obligando al capitán Halim Malaqi a partir con rumbo a Italia. Pasaron 21 años desde aquel día. La mayor parte de aquellos que abordaron la nave fueron reenviados a Albania pero los desembarcos continuaron y algunas personas intentaron la travesía. En esa época, en el territorio nacional había poco más de 300.000 extranjeros. Actualmente, en Italia, viven cuatro millones y medio.

Notas del director

En el 1991 tenía 24 años y era un estudiante universitario comprometido políticamente. De aquel año tengo un claro recuerdo de los acontecimientos. Acontecimientos memorables como la guerra en Iraq, la disolución de la Unión Soviética y la llegada de la Vlora. Recuerdo la llegada de la Vlora como una suerte de cataclismo mediático. Esta nave repleta de seres humanos que huyen de una condición que creen no poder soportar más, desnudos y dolientes, se contrapone con las imágenes de la guerra en Iraq que fue una suerte de “videojuego” espantoso creado con trazadores nocturnos, objetivos de misiles que desaparecían al momento del impacto, imágenes satelitales anónimas y grises. Algunos hechos históricos adquieren sentido en la conciencia de cada uno de nosotros como así también en la conciencia colectiva y cambian nuestra percepción del tiempo y del espacio, nos conquistan y nos modifican. Son hechos aparentemente marginales que, en cambio, modifican la historia ante nuestros propios ojos, dictan el tiempo de importantes cambios: la llegada de la nave Vlora al puerto de Bari el 8 de Agosto de 1991 es uno de ellos. Ese impresionante desembarco fue el detonador de una revolución sociocultural de proporciones hasta ahora inimaginables. En la Italia del 91 había poco más de 300.000 extranjeros, actualmente son casi 6 millones!
A una distancia de veinte años, la búsqueda de esas imágenes archivadas ha sido una experiencia extraordinaria: estaba hurgando en mis recuerdos de ciudadano-espectador pero con el conocimiento que el tiempo transcurrido me ha dado. E questa ricerca ha dato fin da subito esiti insperati: le televisioni locali e quelle nazionali avevano centinaia di ore di girato vergine nei magazzini e negli archivi. Lavorare sui repertori cinematografici o televisivi di eventi così importanti è un po’ come lavorare “dentro” la coscienza collettiva. E’ una grande responsabilità quella di utilizzare repertori per costruire narrazioni, perché in quei repertori c’è la morte, c’è la disperazione, ci sono i desideri e le frustrazioni di esseri umani in carne ed ossa, c’è la vita vera.
Mi sono innamorato fin da subito di queste lunghissime riprese e fin da subito con Benni Atria ci siamo detti: beh, è come se avessimo spedito le nostre troupe indietro nel tempo a documentare un avvenimento già accaduto. Quindi dobbiamo montarle così, come se fosse il film che abbiamo girato noi, dobbiamo tener fede all’intenzione che muove la ripresa, allo stupore che le informa e dobbiamo sfruttarle per la loro forza evocativa, dobbiamo rintracciarvi il progetto drammaturgico che “inconsapevolmente” quei bravi operatori hanno messo in campo. Contemporaneamente al lavoro sugli archivi audiovisivi, con Antonella Gaeta abbiamo cominciato una ricerca di “storie”. Antonella ha ripercorso palmo a palmo la vicenda ed ha individuato alcuni preziosissimi testimoni diretti, persone coinvolte nei fatti. Non è stata una ricerca semplice, io avevo in mente solo il percorso: quello della nave. Per me i testimoni in un film come quello che stavamo disegnando avrebbero dovuto essere capaci di re-immergersi nella storia, “riviverla” davvero, emozionalmente. Con Gherardo Gossi abbiamo costruito un set “astratto”, uno sfondo bianco, come una lavagna luminosa su cui far vivere le emozioni dei testimoni, nella loro purezza, nella loro freschezza. In modo che tra un testimone e l’altro ci fosse un’assoluta continuità emozionale e narrativa, una limpidezza del percorso. Ecco, volevo che le testimonianze fossero limpide.
Come Diaz, La nave dolce è un film che mi si è imposto, mi ha costretto a superare lo schema narrativo in tre atti, prendendo a prestito strutture più ampie dalla tragedia e dalla narrativa classica. I due film sono una sfida radicale ai miei limiti di narratore, devo ammetterlo. Infatti sono due “mostri” che mi hanno fatto soffrire e gioire come non mi era mai accaduto prima.
—Daniele Vicari