Romanzo di una strage

Dos hombre complejos, dos mujeres de fuerza extraordinaria, una bomba que cambiará la imagen de Italia para siempre.

Italia-Francia / 2012 / 129 min / Dramático / Color / Italiano / Subtítulos en castellano

 

Región

Lombardia. Ciudad de Milán.

Mapa para los espectadores

El más ‘claro’ misterio de la Italia de plomo, vorágine iniciada a partir del 1969. Terrorismo protagonista instrumental, ‘Rashomon’ ideológico en una aún frágil democracia, los juegos de las partes analizados con una visión. En ‘romanzo’ (¡qué pantel!) se destacan cincelados el anárquico, su mujer, el político, el periodista, el juez, el presidente, el jefe de policía, el neofascista. No es ‘cinema-verité’ sino de una articulada hipótesis respecto de nuestro origen y del lugar hacia el cual todavía, nosotros italianos, no hemos ido.
—Maurizio Di Rienzo

Director

Marco Tullio Giordana

Elenco

Pierfrancesco Favino, Valerio Mastandrea, Michela Cescon, Laura Chiatti, Luigi Lo Cascio, Fabrizio Gifuni.

Guión

Marco Tullio Giordana, Stefano Rulli, Sandro Petraglia, Paolo Cucchiarelli (libro)

Fotografía

Roberto Forza

Dirección de Arte

Giancarlo Basili

Vestuario

Francesca Sartori

Montaje

Francesca Calvelli

Producción

Cattleya, Rai Cinema, Babe Film

Premios

David di Donatello: Mejor actor protagonista: Pierfrancesco Favino, Mejor actriz no protagonista: Michela Cescon, Mejores efectos visuales: Paola Trisoglio, Stefano Marinoni. Cintas de plata: Mejor actor no protagonista: Pierfrancesco Favino, Mejor actriz no protagonista: Michela Cescon, Mejor guión: Marco Tullio Giordana, Stefano Rulli, Sandro Petraglia, Globos de oro de la prensa internacional en Italia: Premio especial del jurado: Pierfrancesco Favino, Premio Flaiano: Pegaso de oro por el mejor actor: Pierfrancesco Favino, Karlovy Vary International Film Festival: Premio Label Europa Cinemas: Marco Tullio Giordana, Premio especial del jurado: Marco Tullio Giordana.

Sinopsis

Milán, Diciembre de 1969. Giuseppe Pinelli es un hombre que trabaja en los trenes. Marido, padre y anarquista anima e inspira el Centro Anarquista Puente de la Guisolfa. Luigi Calabresi es vice-responsable de la Policia Política de Milán. Marido, padre y jefe de policia sigue y vigila las opiniones políticas de la izquierda extra-parlamentaria. Desempeñados con inteligencia y rigor sobre dos frentes opuestos, se encuentran y chocan entre una manifestación y una convocatoria. La explosión de la bomba en el Banco Nacional de la Agricultura de Plaza Fontana, en la que mueren diecisiete personas y ochenta y ocho quedan heridas, causa un colapso de la nación y una tensión en aquella “relación cordial”. Convocado la noche del ataque e interrogado durante tres días, Pinelli muere bajo circunstancias misteriosas, cayendo de la ventana de la oficina de Calbresi. Ausente a la hora del trágico episodio, el jefe de policia termina siendo responsable y victima. Perseguido con implacable determinación por los exponentes de Lotta Continua, “involucrado” por la Policia y abandonado por los “colegas”, seguirá investigando sobre la masacre, descubriendo la participación de la derecha neo-fascista del Véneto y la responsabilidad de organismos del Estado. Una promoción y un traslado rechazados confirmarán su integridad, causando su destino.

Notas del director

Hace algún tiempo unos muchachos, entrevistados durante una‟encuesta televisiva”, revelan con sus ingenuas respuestas su más absoluta ignorancia respecto de la plaza Fontana. Alguno, un poco más “informado”, arriesgaba a decir que se trataba de un episodio de terrorismo, atribuyéndolo sin embargo a las Brigate Rosse, fenómeno efectivamente relevante, ocurrido en la década siguiente. Las mismas preguntas formuladas a un adulto habrían recibido, probablemente, respuestas igualmente confusas. La desinformación sobre este capítulo crucial de la historia italiana es total. Una niebla confusa, una noche sin luna, en la que todas las vacas son negras. Más que de un único inconfesable “secreto”, esta disinformación parece, por el contrario, nacer de una masa exterminada de datos que terminan por confundirse y eliminarse recíprocamente.
Creo que una pelicula – aún con sus inevitables y necesarias simplificaciones – puede ayudar a reconstruir un acontecimiento tan controvertido, puede fijarlo en la memoria del espectador, ateniéndose a lo “vivido” casi como una experiencia personal. Por este motivo, creo que es muy importante enfrentar la terrible historia de Piazza Fontana y relatarla – sin reticencias, sin perjuicios, sin interpretaciones cómodas – ordenando los datos importantes, contando las cosas como sucedieron, dando los nombres de todos los protagonistas – los nombres que Pasolini no podía pronunciar porque “no tenía pruebas”- y utilizando toda la información que, con el tiempo, se agregó. Pienso que una película de este género es interesante no sólo para los italianos sino también para un público internacional. La Italia del bien y del mal – tal vez más del mal que del bien – ha sido siempre un desprejuiciado “laboratorio” político, el lugar encantador y cruel donde el Poder ha ensayado y perfeccionado las técnicas más dispares, las estratagemas más fantasiosas, antes de exportarlas al resto del mundo con la garantía del status quo.
En un artículo memorable, escrito un año antes de ser asesinado, Pier Paolo Pasolini escribió: “Lo sé. Sé el nombre de los responsables de lo que se llama “golpe” (y que en realidad es una serie de “golpes” creados para proteger al poder)…” (Corriere della Sera, 14 Novembre 1974.)
En ese momento el artículo pareció una de las acostumbradas acrobacias Pasolineanas, una representación paradójica y visionaria, sin una verdadera conexión con los hechos reales. En realidad – y los descubrimientos posteriores confirman hasta las comas – es un análisis que cuenta perfectamente lo que está sucediendo en el país – justamente: los hechos – y también cuenta el “sentido”, lo que Pasolini llama “novela”, la novela de las desgracias italianas. Este artículo extraordinario – que ha inspirado el título de la película – concluía amargamente con la imposibilidad de denunciar sin pruebas concretas, confiando solamente en la propia inteligencia. Lo sé, pero no tengo pruebas. Hoy, más de cuarenta años después, estas pruebas son accesibles, están a disposición de quien quiera saber. Es el momento justo de revelarlas, de sacarlas a la luz.
—Marco Tullio Giordana